
Las cosas, que tienen movimiento, nos invitan a transitar el camino. Un paseo que a veces podemos planificar y otras debemos improvisar sobre la marcha.
Quizá no importe tanto el cómo, sino el hacia dónde. Cuando conocemos, por fin, el próximo destino, todo se ordena, todo encaja, todo sucede. El lugar de llegada podrá parecernos lejano, ajeno, extraño, pero será nuestro, mientras más nos acerquemos. Tendrá sorpresas, certezas y nuevas circunstancias. Brillantes puntos de partida a estrenar, señera agitación, dulce efervescencia.
Qué bueno crear, en el principio, el entusiasmo y luego, echarse a andar, labrar la espera con esa promesa de lo que -seguramente- al fin, llega.
Atte.,
DIB
Amiga! no está nada mal los 5 meses exactos que se ha tomado para volver a publicar algo por aquí. Ud. sabe que soy un seguidor de la primera hora de su mente atenta.
Qué hermoso es salir al encuentro de algo que todavía no conocemos. Quizá por eso me gustan las pelis del género roadmovie. La aventura siempre está adelante y sólo se mira hacia atrás sólo si te persigue la policía o un viejo amor.
¡Cuánta nostalgia me da esa foto de su fiat!