A veces no me soporto. O no soporto tener que llevar a cabo un compromiso que yo misma instalé en la agenda mental. “Las mejores promesas son esas que no hay que cumplir”, entona Sabina y digo que sí, que tiene toda la razón, pero que es difícil no hacer algún juramento bajo los efectos del entusiasmo. La cosa es concretar después.
Envidio enferma-mente a quienes pueden ir por la vida realizando sin más, sin tanto preludio ni tortura. Aquellos artífices, emprendedores, proactivos. Como Bernie. Bernie es un norteamericano que hospedamos en casa unos días. Arquitecto, viajero, inquieto observador y, sobre todo, *empecinado* en agradecernos el alojamiento. Le comentamos que queríamos poner unas enredaderas en la pared baja del patio, algo que tapara, con el tiempo, la visión espantosa de las antenas satelitales de los vecinos, los techos y ventanas aledaños. Entonces él pidió papel y lápiz, salió, observó y garabateó un par de soluciones. Con el proyecto en mano calculó los materiales necesarios y nos contó las opciones. Muy lindo, qué bueno, dijimos. Pero no se detuvo ahí. Quiso comprar lo que hacía falta y comenzar cuanto antes a efectivizar el boceto. Le dimos el gusto, porque parecía disfrutarlo. Un día y medio después, los alambres estaban perfectamente colocados para instalar cuando quisiéramos las benditas enredaderas. Increíble. Expeditivo. Bien hecho.
La admiración por esta clase de personas es más fuerte que la envidia que pueda llegar a tenerles. A mí, que todo o casi todo me genera fastidio, dejadez, abulia, me resulta fascinante ver cómo maniobra la operancia en los otros. “Si lo pienso, lo hago dos veces”, aconsejaba mi tía Norma a las aprendices de cocina que tomábamos clases con ella. Es algo que sirve tanto para lavar los platos como para emprender la escritura del artículo semanal de un sitio. Hernán y Sergio ya se reían de que el segundo se titulara “La página en blanco”, mírenme, chicos: este es el décimo y todavía me cuesta.
Atte.,
DIB
Amiga, vi este post el mismo lunes y dije: “Mañana le comento”. Y, Ud. sabe, volví al otro día, lo releí, pensé qué iba a decir y lo dejé para el miércoles. El día pasó y aquí me tiene: lo que hubiese hecho hace tres días, lo hago hoy.
Cómo envidio también a los ex-peditos, que quiere decir “aquél que dejó de estar al pedo“, como ex-adicto o ex-combatiente. Jaja!
Sergio y yo somos unos caraduras, no hay dos personas más flojas que nosotros. Así que si nos reímos es porque escribir regularmente en blogs es lo que nos permite “no hacer nada, haciendo”.
Me encantó su texto y mándeme al tal Bernie que tenía que podar el parral y me llegó, ¡uy! la primavera.
¡Proactivos! Me canso de solo pensar en ellos. Yo soy por naturaleza in-activa y solo me pongo en movimiento con la soga al cuello. La única sustancia que me pone a las corridas es la adrenalina… ¡quedan dos semanas para rendir!, ¡mañana tengo trimestral y no lo hice! ¡El Hernán me pidió la crónica para el finde , no he escrito un huevo y es viernes! Un clásico: cuando tengo todo el tiempo del mundo… me rasco y soy tan pero tan tarada que lo hago con culpa… ¡La de gente que estará mejorando o cagando el mundo mientras yo miro el techo acostada a las 11 de la mañana! Si hay algo “in” es mi inactividad.
Sobre Hernán: no te hagas el flojo, recordá: familia con retoño, tres libros publicados, una editorial… hasta debes tener un bonsai que no me has mostrado. Con mis ojos sanos te he visto cocinar y planchar. ¿Flojo? Ni de canto.
Paula: no tengo un bonsai, pero sí germinación (clásica tarea escolar) que por fin prendió.
Lo que es idealizar a un amigo. No sabe lo flojo que soy. Mi latiguillo es “Ya voy”, pero ahora que lo pienso es porque estoy corrigiendo, preparando una clase o leyendo para explicar un libro.
Eso sí, a Sergio no le gana nadie: ¡ni ha comentado aquí!