De estreno(s)

La textura de los besos. La velocidad de una montaña rusa. El sabor del dulce de alcayota. Andar en bicicleta, sin rueditas. Esa estrella fugaz que al fin se divisa en el cielo de todos los días. Cosas que pasan de un momento en adelante. Y es en esa coyuntura inaugural en la que me detengo.

Hace poco hice algo que no había hecho nunca. Me sentí afortunada, distinta, un poquito más viva. Es que la emoción de lo desconocido, el vértigo del comienzo, dan otro condimento a lo acostumbrado. Dibuja una sonrisa sorprenderse novato. Es reconfortante descubrirse cándidamente primerizo, a pesar de los años.

Y ojo, que no es necesario hacer nada osado, excepcional ni temerario. Pequeñas aperturas en los sentidos o las ganas bastan para dar cuerda a un reloj flamante que se echará a contar las horas de una manera renovada. Ceremonias chiquitas, acaso imperceptibles, pero que forman parte de minúsculos chispazos iniciáticos. Fosforitos que quizá hagan arder fuegos indelebles, o simples destellos con el encanto de lo que brilla un segundo.

Todavía queda tanto que hacer por primera vez, afortunadamente. Siempre seremos novicios en algo. Ingenuos principiantes. Eternos aprendices en días de estreno.

Atte.,
            DIB

2 mentes atentas  »

  1. Paula Seufferheld says:

    No cuenta lo que hizo, picarona. No importa, el texto se vuelve más sabroso con esa elipsis intencional.
    Como siempre me sacude la cabeza, ¿qué reflexión ha hecho que se me cayera esta vez? Las personas torpes como yo, pero muy, algo así como Peter Sellers en La fiesta inolvidable, casi siempre hacen las cosas por primera vez aunque las hayan hecho 100 veces. Pueden intentar sacar el último restito de dentífrico como cualquier mortal y quedar tuerto una semana. Abrir la puerta del auto y tirar a un ciclista. Salir a esperar el micro con el trajecito sastre y las pantuflas. Ir a la escuela en bicicleta y volver caminando (¡tantas veces!). Doblar caminando una esquina antes que esta termine y darse un frentazo en la pared. Para los de mi clase, cada día es una aventura nueva ya que no repetimos actos cotidianos, los “reversionamos” todo el tiempo.
    Le digo más, me saqué el carnet de conducir sin saber estacionar de culata. En cuatro años cinco veces de esta manera y cada vez que lo logro (esos malditos dos ochos) me aplaudo fervorosamente.

  2. Paula Seufferheld says:

    Fe de erratas:

    “En cuatro años, lo he hecho cinco veces de esta manera…”

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