Pompa fúnebre y circunstancia

Al dolor de la muerte hay que sumarle la burocracia de la muerte, que es igual o incluso peor que esa desdicha primera.

Porque dejar de respirar, es relativamente sencillo. Lo complejo es el papeleo que viene después y que padecen los que, en mitad del desconsuelo de la ausencia, deben lidiar con certificados de defunción, trámites municipales por una parcela en el cementerio, si habrá velatorio o no, ultimar detalles con la funeraria, etc.

Lo terrible es el cajón de Pandora en reverso, tragándose las lágrimas, llevándose al más allá los buenos y malos momentos, las culpas, las últimas palabras, las cosas que no alcanzaron a decirse. Nos quedamos desnudos en el frío y vacío de la falta. Vestimos la mente con el ropaje luctuoso de la pena y sentimos la suspensión instantánea de cualquier deseo, el asalto tenaz de una amargura infinita.

Después habrá mucho tiempo para volver de la modorra del pesar y empezar a pagar en cuotas el chistecito de la ceremonia fatal. El pésame suele darse, además, por todo eso que el hecho trae aparejado. “Helecho de muerte”: deberíamos transmutar en una planta. Y cuando ya nadie nos riegue con su llanto, secarnos sin tanto espamento, ostentación ni derroche.

Atte.,
            DIB

5 mentes atentas  »

  1. Dib: nunca me ha tocado, por el momento, el papeleo burocrático que es un sepelio. A veces fantaseo con eso y me aterra porque odio todo lo que es “trámite”. Hace un tiempo, conversando con mi papá (que ya se ha encargado de varios entierros), le decía precisamente esto del lío de papeles en medio del dolor. Me miró, hizo un gesto de sabio desprecio y me dijo: “Bah, son dos o tres días y ya está, te olvidás”. Sentí que me estaba hablando post-mortem.

  2. Paula Seufferheld says:

    Deberíamos pensar un poco en nuestra muerte, en serio. Yo lo hablo mucho en mi casa. Primero: ellos conocen dónde están todos mis papeles, nada de que después tengan que pedir actas de nacimiento, nº de cuentas bancarias, etc. Segundo: Ya saben cómo he repartido mis pocos bienes, es de palabra, pero creo que me llevarán, llegado el caso, el apunte. Tercero: Quiero que me cremen, yo sé que ahí se las complico, pero es mi último deseo. Ah, y que arrojen mis cenizas en medio del puente que cruza el río Mendoza en Palmira.

  3. sergio says:

    A mí cualquier cosa que huela a trámite me deprime horrores. Simplemente soy un imbécil. O sea, que si encima estoy dolido, no cuenten conmigo. O sea, hagan lo que Paula: todo organizadito y no me busquen….porque no me van a encontrar!!!!

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