Ansiábamos algo, lo aguardábamos ilusionados, pero cuando sucedió finalmente, nos quedamos con gusto a poco, a chasco, a oasis desmantelado.
Un año entero planificando un casamiento, un par de meses armando la fiesta de quince, noches de insomnio preparando una presentación importante, días de trabajo con vistas a un gran estreno para que todo se esfume en un par de horas, inevitablemente.
¿Será que lo que uno imagina es más vívido y emocionante que el acto concreto? ¿Es acaso la potencialidad lo que cubre de dorada fantasía el hecho en ciernes? Porque, más allá del éxito, del resultado, no podemos negar que la secuencia preliminar reviste un sinfín de detalles y regocijos paulatinos que tensan el deseo, que aceleran el pulso. Como aquella frase del profesor de bolos en la primera temporada de los Simpsons que mi papá cita siempre: “El momento más hermoso de la vida. Mejor que el hecho, mejor que el recuerdo: el momento de la expectativa“. En los preparativos está el gusto. La gracia está en las vísperas.
¿O acaso este texto que ahora tienes entre los ojos, generoso lector, no es mucho menos que lo que esperabas encontrarte, y tantísimo menos que aquello que yo anhelaba poder decirte esta semana?
Atte.,
DIB
Y sí, no era lo que esperaba. Pero a mi anhelo, a mi espera palpitante le aconteció la sorpresa; que es muchísimo mejor que planificar y organizar. Tu texto “interemedio” lo representa ¿Más ejemplos?
Cuando organicé la presentación de mi libro el año pasado. Hacía tres meses que la pensaba. La elección de los poemas, el músico, la puesta en escena, el ágape, etc. Pero cuando aconteció, no planifiqué la (mi) sorpresa: vino el doble de gente de la esperada, yo sabía lo que iba a cantar el músico, pero no “cómo” ni la respuesta del público, tampoco imaginaba lo que iban a provocar en un auditorio de 150 personas la lectura de un poema breve, y mil cosas más. Cuando terminó se me avalanzaron como 8o personas a agradecerme, a besarme, a abrazarme y felicitarme. ¿Chasco? Ni ahí.
Pero sí me parece que en otros terrenos sucede. Pienso en la gastronomía. Tres horas amasando ñoquis y se comen en 5 minutos! jaja.
En realidad es muy cierto lo que decís, pero me parece que a todo la preparación hay que dejarse un lugar para la sorpresa. ¿Si no, para qué hacer tanta cosa?
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